El encargo es una casa de huéspedes y juegos para apoyar a la casa principal, en Calera de Tango. El programa solicitaba tener dos dormitorios con baño cada uno, una cocina / bar y un baño de visitas, más una zona de estar que incluyera una mesa de billar y una mesa de juegos. Además la casa no debía sobrepasar los 100 m2 de superficie.
El terreno, de 4,5 há es un predio de cultivo de frutales cuya configuración de riego, mediante canales transversales, lo hace altamente inundable. Por eso se tomó partido por levantar la casa sobre pilotes, a una altura de 80 CMS sobre el terreno natural, medida que coincide con la casa principal (que fue levantada por las mismas razones).
Se pidió, que la casa tuviese mínima mantención. Sus materiales -que se inclinaban a la categoría de productos- debían ser incluso lavables. Tanto la tierra del lugar como el clima no debían degradar sus terminaciones. Se pidió además que el proyecto formara parte del paisaje sin intervenir mayormente las vistas desde la casa principal hacia las plantaciones. Por esto se optó por un volumen de vidrio, a través del cual se podría seguir viendo los árboles mientras la casa estuviera en desuso. Para el resto de los muros se optó por un color negro, que se absorbe fácilmente dentro del contexto en el que se ubica. Se dejó entonces que la naturaleza y el tiempo se encargaran de dar límite al espacio contenido por esta caja de cristal.
El proceso siguió mediante la elección del revestimiento: cerámica 20x20. Con esto se generaron tres constricciones: Primero, toda la casa debía estar dividida en módulos perfectos de 20 centímetros. En segundo lugar, todos los recintos, vanos, muebles, iluminación, etc. estarían referidos a una trama de 20x20 centímetros que operaría como plano regulador tanto dentro como afuera de la casa. Y por último, la casa debía tener una planta cuadrada. Esto último, por tratarse de un ejercicio que en parte opera bajo la idea de esquematización del espacio y su consecuencia de la referencia directa con las proporciones del material.
La intensidad de uso de este proyecto, por tratarse de una casa de huéspedes, se reduce prácticamente a un par de horas en la tarde, durante la noche, por supuesto, y a algunos fines de semana cuando esta se utiliza como quincho. Por esto, se dispusieron los dormitorios hacia el oriente, para que los invitados -familiares suecos de los propietarios- pudieran observar la Cordillera de los Andes en la madrugada, parte del día en que esta es visible durante la mayoría de los días del año en esta zona. Al centro se dejó la sala de juegos y al poniente, protegido por un muro ciego de un metro de espesor, el comedor al aire libre, en un patio que cruza todo el volumen de sur a norte, dirección de los vientos predominantes que ventilan la casa en verano. Debido a la escasez de superficie, la cocina, el bar y el baño de visitas se ordenaron en un núcleo que forma un muro - mueble que además separa los dormitorios del estar.
La lámina de madera que genera este deck recorre toda la casa, desde la parte más baja -en la cual se ha incorporado la piscina- convirtiéndose luego en el techo, dejando en evidencia, ya desde una primera aproximación a la casa, el uso de la madera en todas sus partes.
El deck principal que incluye la piscina deja una inclinación, producto de la pendiente del terreno que mira hacia el oriente, como una reposera del tamaño de toda la vivienda, admitiendo la posición del cuerpo en descanso como si se tratara de una gran chaise longe. La cubierta de la casa se inclina en el sentido opuesto, sirviendo esta vez de solarium hacia el poniente del sitio.